Dérobées

El viento lleva, el viento trae entre dos puertas o dos instantes, una sonrisa furtiva… las ganas de estar ahí, en casa. Tres naranjas sobre la mesa que esperan una mano feliz que las apriete. Sillas, migas, limas, todo un mundo girando en órbita alrededor nuestro. Un mundo de gravedad y de ingravidez. Mira, llueve… quizás es el otoño. Ayer estábamos en verano, ayer estábamos acá, cerca de la chimenea y de ese “casi nada”, ese soplo de viento, ese aire de guitarra sonando por los viejos parlantes de la sala, que llenaban el cuarto y el corazón.
Estar allí. Fotografiar, entre dos instantes la, fugacidad. Un pasante. Ciertamente, alguien cercano, o la luminosidad del otoño sobre los azulejos. Sacar fotos para tomar conciencia de una situación común a todos pero diferente en su ritmo, una situación pasajera, de travesía, en el espacio cercano e íntimo de uno mismo.